sábado, agosto 27, 2011

Ahí mismo estaba sentado John Galliano una noche de alcohol y amargura cuando pronunció esas palabras que en realidad no pudieron herir a nadie más que así mismo. En la calle de la Perla de París, John se humilló como lo hacen todos los deprimidos, pero los oportunistas entendieron otra cosa. Su novio lo había dejado y en su dolor sintió simpatía momentánea por el diablo. Los banqueros hacen tropelías y siguen ahí porque todos les temen. Un simple modisto dice una tontería y lo hunden, porque tenemos que hundir a alguien.

Saludos desde París.