sábado, enero 14, 2012

Doble Pedestal



A principios de los años 80, Richard Freeman debía de rondar los 18 años de edad. Por aquella época se lo podría haber descrito como un espabilado jovenzuelo de origen judío residente en Brooklyn, Nueva York. Muy imaginativo y de inteligencia penetrante, leía con avidez y disfrutaba de las películas y de todo cuanto pasaba a su alrededor, incluyendo por su puesto las chicas. Al ir acercándose a esa edad en la que uno empieza a tomar decisiones, Richard se sintió en un cruce de caminos cuando se encontró un día reflexionando sobre su futuro profesional. Por un lado quería estudiar matemáticas en la universidad. Por otro lado, tenía mucho interés en la vida cultural, el cine y la literatura. En ese sentido, pensó si a lo mejor podría intentarlo escribiendo guiones. Su amigo Samuel, que era menos aventurero pero tan friki como él,  le propuso que intentara contactar con alguien famoso que pudiera en un momento dado aceptar uno de sus guiones. No pudieron evitar pensar en Woody Allen, ese genio de Manhattan. Intentar dirigirse al maestro sería como un gesto imposible de llevar a cabo, de modo que decidió una táctica indirecta. Acto seguido, empezó a revisar los créditos de las películas que había visto de Allen, y encontraró los nombres de dos productores. Lo echó a suerte y se encontró con Jack Grossberg. Richard encontró un par de nombres exactamente iguales en las páginas amarillas. Ambos residían en la periferia de Central Park. Richard se sorprendió al llamar al primer número. La secretaria de Mr Grossberg estaba al otro lado del teléfono. Seguidamente, Richard no dudó en contarle a Julie su plan profesional, a lo cual ella le sugirió que probara con el segundo  productor, que al parecer estaría mucho más capacitado para orientar al joven guionista. Julie le pasó el teléfono de Robert Greenhut. Un poco desanimado y pensando que todo quedaría en una frustrante anécdota,  Richard contactó con Marie, la secretaria de Mr Greenhut. Marie dio una excusa similar, pero esta vez, el teléfono que obtuvo fue el del mismísimo Mr Allen. Richard quedó perplejo, y cuando se lo contó a Samuel, ambos quedaron suspendidos en el limbo durante bastante tiempo pensando que esto sí que iba a ser un número falso.

Al cabo de unos días, Richard decidió llamar y acto seguido se encontró escuchando la dulce voz de Danielle, la secretaria de Woody Allen. Ella le concertó una cita con el famoso director y en menos de un periquete se encontró sentado frente él, en su oficina de Manhattan. Richard se sorprendió al ver al hombre respondiendo a sus preguntas con una actitud profesional y sincera. Esto facilitó a Richard a desplegar todas sus dudas existenciales, ante lo cual Woody le dijo que;  -en realidad el mundo del cine es bastante duro, no te recomiendo que te dediques a escribir guiones, además, yo nunca uso guiones de otros- Richard absorbió todo como una esponja. Woody le aconsejó finalmente; -…que pienses bien sobre el asunto, yo por mi parte me inclinaría por estudiar matemáticas…estoy seguro que tendrás más éxito profesional-

Después de recibir la más especial orientación educativa, Richard se decidió por estudiar su licenciatura en matemáticas y tras años de desarrollo profesional consiguió una plaza de profesor en la Universidad. Nunca se atrevió a escribir un solo guión,  pero la vida de matemático tampoco le ha parecido nada fácil. De hecho, ahora se dedica a trabajar para una empresa de apuestas online.  A pesar de todo Richard sigue adorando las películas de Woody Allen y como él, da consejo sincero a todos los jóvenes que se encuentran en ese delicado momento de la vida.