domingo, julio 26, 2015

Porque Renuncio a Ser un Político

La Política es un proceso y una forma de relación fundamental en nuestra sociedad. Los políticos son por tanto tan necesarios como los médicos, por poner una comparación, pero al mismo tiempo, tanto los médicos como los políticos, son tiranos desde el momento en que pueden decidir sobre la vida de los demás sin contar con ellos. En esta entrada quisiera hacer una crítica profunda de la democracia via procesos psicosociales utilizando principios psicológicos que explican del porqué la política está viciada desde un principio.

Desafortunadamente, la democracia occidental es una pura ilusión. Los psicólogos demuestran que los fundamentos psicológicos de la actividad política están condicionados de tal manera, que llevar a cabo un proyecto político coherente está sembrado de trampas y obstáculos desde un primer momento. Veamos porqué.

Bajo el llamado efecto Dunning-Kruger, las personas menos inteligentes sobrestiman sus habilidades mientras que, por lo general, las más inteligentes tienden a subestimarlas. Por lo tanto, las personas menos inteligentes, al mostrarse con más seguridad ante otros, crean más confianza y por lo tanto, son más convincentes. Por supuesto, esta capacidad de influir no está basada en llevar más razón o poseer argumentos sólidos, sino simplemente por aparentar seguridad y equilibrio interno. De este modo, un político mediocre llegará más lejos que uno brillante.

Por otro lado, los votantes prefieren aquellos políticos  que son capaces de explicar los problemas complejos de una manera simplista, aunque la solución apenas se vislumbre. Esto puede llevar a consecuencias catastróficas, como se ha demostrado en la historia de la política en Andalucía. La demonización por parte de los socialistas a sus enemigos de la derecha ha supuesto el crear la ilusión de que los de derechas son todos unos fascistas que quieren traer el Franquismo a Andalucía. Es una solución astuta pero falsa. Esto tiene como consecuencia el inabilitar un espacio político alternativo al PSOE-A, lo cual a la larga ha destruido al PSOE-A ya que ha eliminado sus competidores en nuestro país, y no requiere de ningún esfuerzo ni mejora interna. Los votantes han creído ciegamente la falsa amenaza de que todo lo que no es votar al PSOE-A es votar a la derecha.

De acuerdo con la “ley de la futilidad” de Parkinson, toda la comunidad tiende a dar una importancia desproporcionada a cuestiones insignificantes, que son más accesibles al público. El matrimonio gay, las operaciones gratuitas de cambio de sexo, etc.. cuestiones absolutamente anecdóticas e insignificantes pueblan los periódicos controlados por el PSOE-A mientras que los asuntos realmente cruciales se dejan a un lado.

Para ser convincente, tienes que condensar cosas complicadas de una manera sencilla, aunque a menudo mal. González y Guerra, han sido unos maestros de estas técnicas de conversión.

Aun cuando uno es inteligente y culto, mejor fingir que no se es, para tener éxito en la política. Se tiene que saber pasar por “un hombre del pueblo”.  Ambos profetas de nuevo, Guerra y González, han actuado coherentemente con este principio. 

La mayoría de la gente, incluyendo los votantes, son sensibles a los estereotipos y clichés, por lo que hay que dar preferencia a asuntos que puedan recibir una respuesta contundente sin realmente cambiar el fondo de las cosas. Por lo tanto, los candidatos menos inteligentes que juegan con las fobias de los votantes y niegan las evidencias embarazosas tienen más probabilidades de éxito que aquellos que evocan los hechos “indeseables” para el público. La gente no quiere reconocer que cada ciudadano está corrupto y es responsable de este descalabro general. Pero el político no culpará escasamente inteligente, no manifestará esta crítica de manera abierta.

Todos estos fenómenos psicológicos y psicosociales reducen las maniobras democráticas de los políticos de conciencia, los cuales son apartados del poder desde un primer momento. No hay necesidad de teorías conspirativas, ni de manipulaciones a alta escala. El votante es mediocre, egoísta y miedoso. El político que refuerza estas tendencias es el que gana. Es realmente una situación desafortunada para todos, pero así es como funciona la conciencia del ciudadano medio.