jueves, diciembre 03, 2009


El Efecto Transilvania (Juan Ramón Biedma)

Aprovechando que no tengo la familia en casa, he podido leer otra novela andaluza que tenía pendiente. Esta vez toca el género fantástico. Tengo que reconocer que he disfrutado mucho más leyendo este libro que el de Vaz de Soto, aunque de modo similar me vuelve a llamar la atención por esa obsesiva y paradójica necesidad de hablar sobre temas de salud mental sin tener conocimientos de psicología clínica. Creo que ese es precisamente el punto donde no hay nada de fantasía y mucho de etiquetar a la gente con enfermedades inexistentes. Biedma demuestra que puede imaginar muchas cosas pero por desgracia cuando llega a lo psicológico, ¡sorpresa! se le acaba toda la imaginación y tiene que retratar a un niño de 14 años con esquizofrenia. Como si no tuviéramos bastante ya con aguantar diagnósticos infundados de esquizofrenia con gente más mayor. Es que me ha tocado la vena sensible. Esto de trabajar en un equipo de primeros episodios en psicosis te hace sentir que este tipo de libros lanzados al público están financiados por las compañías farmacéuticas para convencer al mundo de que la esquizofrenia existe (y hay que medicarla, claro).

En cualquier caso, Biedma sigue un trazo típicamente sevillano, es decir barroco, y a la vez se pierde en una historia que fundamentalmente carente de un referente psicológico no tiene espina dorsal. Se puede leer aleatoriamente cada capítulo y disfrutar de las extrañas descripciones que se hacen de la ciudad sin temer perderse, porque el libro no lleva ninguna dirección. Es más, el final no tiene ningún sentido. Uno puede pensar que a lo mejor hay que leerse el segundo libro que saldrá pronto supongo, pero eso la verdad es que no justifica el sinsentido de esta historia onírica. Me recuerda a Kafka en alguna medida, pero su sorna y tendencia a agarrarse a lo real hace de este libro un mero ejercicio estético. No hay una trayectoria biográfica comprensible, basta con decir que el abuelo del protagonista también padecía de similares problemas psicológicos. Ese nivel de elaboración intelectual es prácticamente el de una verdulera (es que las verduleras son gentes muy observadoras).

La historieta peruana me parece interesante, pero conforme se continúa con la historia se deteriora, no madura, y se convierte en un mero elemento de adorno que hasta me parece peyorativo con respecto al pueblo peruano. Creo que ser andaluz y sumiso a lo españolizante no da derecho a expresar semejantes barbaridades sobre otros pueblos también sometidos. Pero bueno, esto del respeto es un concepto todavía mal entendido en Iberia.

Por último, Biedma se inventa palabras o mejor dicho, castellaniza palabras andaluzas y necesita invitar a otro madrileño (como su colega Vaz de Soto) para poder sentir que puede escribir sobre una historia que pasa en Andalucía. Una vez más, podemos comprobar que los andaluces no sienten confianza para dejar hablar a sus propios personajes. Necesitamos otros interlocutores que nos digan lo que somos. Gracias, Biedma pero creo que en eso ni eres original ni moderno.