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sábado, junio 28, 2008


Yoani o la Juana de Arco Cubana


Puede ser que Yoani esté pagada por los gringos o por los cubanos de Miami, pero la realidad es que los tiene muy bien puestos (los ovarios claro). A parte de esto, escribe muy bien, y tanto ella como su equipo se merecen haber recibido un premio.


Lo más llamativo de lo que está pasando en el mundo virtual en relación a su actividad blogera, es que al mismo Castro se le ocurra mencionarla en un libro que ha publicado recientemente y lo haga para despreciarla. Esto da una idea de la importancia que la red de internet está teniendo a nivel global para retar y discrepar con poderes autoritarios. Yoani ha conseguido un millón de impactos en su blog en poco tiempo. Castro y sus secuaces estarán rojos de rabia.


Escribir las cosas que escribe ayuda mucho a los que no vivimos en Cuba a imaginarnos cómo debe de ser vivir en un estado kafkiano y absurdo. Sea por lo que sea, la realidad es que la vida en Cuba pone a prueba la paciencia de los más estoicos y tanto si Castro está jubilado como si no, el mundo castrista no se va a desvanecer así como así. Y esto es un claro índice de que las generaciones tienen que perecer antes de dar paso a nuevas formas de vivir. En Andalucía es lo mismo. Los que han vivido la dictadura y los que hemos nacido a las puertas de la democracia tenemos el autoritarismo y la arrogancia metida hasta los huesos. Tienen que pasar muchos años para que cosas así se superen.


Ni siquiera un cambio político en Estados Unidos haría las cosas necesariamente más fáciles.


Blog de Yoani Sánchez: Generación Y




viernes, mayo 30, 2008


Cuando la Televisión nos arrebató la Inocencia


Como persona, y como psicólogo, tengo un gran interés en los conflictos armados. Creo que el entender la guerra nos podría ayudar a encontrar la paz. Deberíamos estudiar mucho más el porqué y la necesidad de la guerra en las sociedades humanas y dejar a un lado los sentimientos parroquianos.


El tema que encendió mi interés por la guerra fue probablamente el ver el testimonio de las imágenes que vinieron de Vietnam cuando por primera vez vi un televisor funcionando. Debió de ser allá por los años setenta. Ví la película que rodó cómo un militar survietnamita llamado Nguyen Ngoc Loan asesinaba a un miembro del Vietcong en Saigón, en 1968.
Desde entonces, ya nunca fui un niño. La televisión me arrebató la inocencia. El horror de la visión de una muerte remota saltó de la pantalla hasta mis tripas y ya nunca más salió de ahí. Fue imposible para mí pensar que aquello que estaba viendo era sólo una imagen. Sin embargo, años más tarde, la inmediatez y el poder de la televisión fue poco a poco mellando esa capacidad por sorprenderme y sentir cosas. Aterrorizado por este sentimiento, he intentado desde entonces no ver mucho la televisión. Y cuando la veo ahora, intento sentir y dejarme llevar por lo que siento.
En la foto que podéis ver en esta entrada, se guarda justo el instante antes de que dicho militar le quita la vida a un luchador de su patria.
Ese luchador siempre estará en mi memoria, y siempre guardaré a Vietnam en mi corazón. No pararé hasta que vaya a visitar a ese increíble país.


Referencias:


Bao Ninh. (2005). The Sorrow of War. Vintage.


Christian G.Appy (2003). Vietnam, the definitive oral history, told from all sides. Viking Penguin.


Stanley Karnow (1994). Vietnam, a history. Pimlico.

martes, abril 29, 2008

De los Cubanos y los Irlandeses

Cuba e Irlanda son dos islas. Cuba estaba oprimida por España e Irlanda por el Reino Unido. Ambas islas se libraron del opresor en un momento dado. A partir de entonces, los mismos isleños se empiezan a oprimir entre ellos y la situación se vuelve paradóxica. Las víctimas se vuelven opresores. Es algo llamativo.
No es fácil encontrar una conexión entre estos pensamientos y la propia historia de Andalucía, al menos por el momento. Sin embargo, sí veo claro que el efecto a largo plazo de la opresión es que algunos oprimidos se vuelven opresores cuando recuperan su libertad. Algunas víctimas se vuelven perpetradores de abusos. Y esto tiene también conexión con lo que pasa en la vida individual de las personas.
En el caso de Andalucía, el efecto de la invasión castellana y portuguesa, aunque lenta, hizo convertir a la gente a otra religión, a otras costumbres, y muchos conversos se volvieron tan crueles como los propios opresores. Ahora que se supone que vivimos con más libertad, creo que esto no se ha superado. Y muchos andaluces son opresores y tienen sed de vengarse de los que simplemente expresan sus ideas con libertad.
Los efectos de un férreo control político y social no parecen poder borrarse así como así. Lo nuevo y lo viejo conviven hombro a hombro y es difícil por ello sentir que las cosas cambian.

miércoles, abril 09, 2008

El Catetismo Sevillano, el más selecto

Una acepción de cateto que a lo mejor está en desuso sería la de aquél que es inocente o simple y por extensión no estaría acostumbrado a la complejidad de una gran urbe. La tosquedad de la vida campesina haría potencialmente difícil la adquisición de conocimientos abstractos y maneras refinadas. Pero por otro lado, cualquiera que simplemente se comportara o apareciera en un contexto social de esta guisa también recibiría dicho adjetivo independientemente de si es un ciudadano de la urbe o un campesino. También puede ser que cateto se asocie a gentes que proceden de los pueblos aunque no sean campesinos o su vida no tenga una relación directa con ‘el campo’. Sin embargo, bien es sabido que para los ciudadanos de la Villa de Madrid todo el mundo es un cateto. Esto trae otro significado. El que quizás en un país solamente hay una ciudad y lo demás es una mera aglomeración en torno a ese lugar central o más civilizado. Otro aspecto conectado a éste ultima acepción puede ser el llevar el término a un extremo urbano-rural, en donde la persona rural carece de sofisticación y es simplemente un ser brutal y que acoge todo tipo de adjetivos peyorativos. Esto quizás esté relacionado con la emigración a la ciudad, y los problemas de marginalidad, criminalidad y aislamiento que esto trae. De este modo, en la vida urbana también existen tipos urbanos que son ‘catetos’. Puede que estén aislados, que vivan en las márgenes de la ciudad o que vivan al margen de la vida social urbana. Hay otras gentes que a pesar de haber vivido toda su vida en el mundo urbano también podría ser potenciales receptores del título. Gentes adocenadas, sin propósito y quizás marginadas (por voluntad propia o pasivamente), poco peinadas por el mundo educativo y generalmente impermeables a cualquier faceta cultural de la ciudad en la que viven serían también catetos. Un tipo de cateto más ‘selecto’ seria aquél que con cierto grado de sofisticación urbana, cualquiera que sea ésta, ignorara por completo aspectos fundamentales de la vida urbana, de la cultura nacional, la lengua o la historia.

Todo este conjunto de posibles significados y aspectos simbólicos relacionados con la dicotomía urbano-rural y la de sofisticado-burdo describen unas relaciones sociales de poder, estatus, de roles y divisiones sociales. También estas jerarquías dan a entender que los estratos sociales parecen tener una estructura concéntrica, donde el centro urbano es el centro del poder y de la vida más civilizada y conforme nos alejamos de ese centro, la vida humana se va pareciendo más a lo silvestre, y las leyes y convenciones sociales se van relajando progresivamente conforme nos vamos acercando a los límites de la ciudad con el campo. Las distintas clases sociales serían de arriba abajo cada vez más ‘catetas’ por proximidad a lo simple y a lo concreto.

Cuando nos movemos en el terreno de lo social siempre estamos en un campo dinámico, donde la gente aprende y gradualmente se hace ‘consciente’ de estas etiquetas sociales como la de ‘cateto’ y por su puesto de sus consecuencias a nivel práctico. Por ese motivo, y como producto de esta dinamicidad, la gente reacciona por lo general rechazando ser cateta, y simplemente acusando de cateta a cualquier otra persona. Admitirlo sería colocarse en una posición inferior, y teniendo en cuenta que la división social es forzosa, no tiene sentido admitir una etiqueta peyorativa pasivamente. De este modo, todo el mundo tiende a acusar de ‘cateto’ a aquél individuo, grupo social o ciudad, que considera con menos prestigio o poder.

A nivel de poder, fama y prestigio, ciudades, comarcas, regiones y países también pueden ser acusados de catetos. Así entenderemos que los madrileños consideran cateto a todo el que no es de Madrid. Comprenderemos que los catalanes consideren a todos los andaluces como catetos, puesto que somos nosotros los que principalmente hemos emigrado hacia Cataluña debido a nuestra fragilidad socioeconómica, y por último que los españoles sean valorados como unos brutos en la Europa del norte debido a nuestro declive cultural y de poder internacional durante los últimos siglos.

En el caso de la vida Andaluza, todo el mundo sabe que los sevillanos consideran a Córdoba, Huelva, Almería o Jaén como pueblos. Y por lo tanto, sus habitantes más proclives a recibir el ingrato título de cateto. Sevilla, que es a su vez sumisa con Madrid, admite indirectamente su ‘catetez’ cuando los sevillanos intentan modificar torpemente su acento en presencia de castellanos. Andando ya en un terreno más local, la ciudad de Sevilla está rodeada de numerosas poblaciones que aunque próximas a la urbe se consideran ‘inferiores’ y por tanto sus habitantes son todavía catetos. Esta incesante y obsesiva actitud por clasificar a la gente de una manera tan despectiva creo yo debe ser una tendencia muy europea. Al fín y al cabo Europa está todavía muy influenciada por valores medievales y creo que de alguna manera el término cateto conlleva un significado muy relacionado con la vida medieval. En ese sentido Inglaterra vive un contexto similar y por tanto sucede lo mismo. Conforme nos alejamos de Londres, todo el mundo es básicamente un cateto. Se les pilla por el acento, las maneras, los usos igual que en la península ibérica. De modo que la teoría de que el ‘catetismo’ no es más que una forma de distinguir a la gente por su clase social y poder, pueda ser generalizada a otros paises no parece descabellada.

Ahora que hemos dado un último paso sobre lo ‘cateto’ y nos movemos en un plano más internacional, cabría decir que si como bien se sabe, en Nueva York basta poner un pie para que uno se transforme en neoyorkino, esto significaría que hay lugares en el mundo que son tan sofisticados que han revolucionado el concepto de ‘persona’. La igualdad, el respeto a la diversidad, la no discriminación por el origen étnico o cultural es un gran paso de sofisticación que procede de las grandes urbes. Este movimiento afecta a ciudades donde los valores democráticos, el respeto a la libertad y al individuo son más fuertes que valores más antiguos relacionados con las castas, la nobleza y la distinción social basada en grupos de poder. Volviendo a Andalucía y Sevilla, esto implicaría que aquél que considere inferior a otro por su procedencia o condición, entonces debería ser considerado cateto a ése, al que discrimina y no a la víctima. Puesto que el que se considera ‘superior’ a otro no es más que un fascista, un individuo de esta naturaleza es cruel y brutal con sus semejantes, es totalitario y por tanto nada sofisticado. A mí me parece que el que se anda en los términos de considerar cateto a otro sería como una especie de fascista ‘blando’. Pienso esto porque me parece que hay formas mucho peores de fascismo. Todo esto me llevaría a la conclusión de que el madrileño que se crea superior a un ‘no madrileño’, el catalán que se cree superior al andaluz y el sevillano que se cree por naturaleza mejor que uno de Dos Hermanas o de Córdoba son todos unos catetos.

Por último, y centrándonos ya una vez más en nuestro querido país andaluz y en su desdichada capital, a mi modo de ver, ese clasismo sevillano defendido a ultranza en algunos sectores, ese señoritismo y sentimiento de superioridad que existe entre algunos sevillanos llevaría a estos individuos a ser considerados como los más catetos del mundo occidental.