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domingo, junio 08, 2008


¿Fue el 23 F un éxito?

Volviendo a este interesante tema que han reabierto los compañeros y lectores ‘virtuales’ de este cuaderno de bitácora, me doy cuenta que en lugar de estar especulando sobre las cenizas de Kurt Cobain o sobre cómo le irá a Alonso en Canadá, nos ponemos nosotros aquí a pensar sobre el 23F. En fin, así somos notrosos, sesudos y poco interesados por las noticias convencionales.

El caso es que los compañeros han dudado sobre la validez o fiabilidad de esta especulación que yo ofrecí el otro día acerca del 23F. No es de sorprender pues es un hecho complejo. Pero no nos arredremos que de cavilar sobre estos hechos históricos saldremos con una idea mejor de porqué el presente es como es. Volvamos por tanto a la estructura del razonamiento a ver si esta vez lo vemos más claro, y así vamos comparándolo con lo que los compañeros han ido interpretando.

El 23F supone un rechazo al progreso político del Estado Español hacia una posición menos centralista y menos controlada por las instancias y poderes que tradicionalmente habían dominado antes de la democracia.

El 23F consigue entorpecer un posible proceso de federación. El pacto anterior podía haber sido revisado y actualizado, pero el 23F disgrega esas fuerzas que proponen una forma distinta de cohesión.

En el caso de Andalucía donde hubo una gran actividad ciudadana a favor de una organización autonómica previa al golpe, (cuando el gobierno se había opuesto activamente a ello), este entorpecimiento hizo que el PSOE diluyera los sentimientos nacionalistas andaluces, y se abogara más por una sumisión a lo español.

El miedo a un conflicto armado a gran escala ha mermado la confianza en una España plural y articulada que genere lo mejor de sí misma desde la diversidad y la competitividad de cada nación/región o como se llame.

Como conclusión, las fuerzas reaccionarias, controladoras de importantes sectores del Estado Español supieron asestar un golpe decisivo que disgregara las distintas iniciativas plurinacionales y convertirlas en una falsa amenaza a la unidad de España.
La siguiente entrada se dedicará a estudiar lo que los compañeros han aportado con sus críticas.

miércoles, junio 04, 2008

El 23 F fue un Éxito
Habrá interpretaciones diversas sobre lo que pasó el 23 de Febrero de 1981 en España. Como siempre desde aquí, las interpretaciones y críticas no serán las normativas. Pero en este caso estoy inspirado por las conversaciones con un amigo catalán llamado Joan Lluís que vivió aquello muy de cerca y que conocí también en la Diáspora.
Aquello fue sin duda un golpe de estado, pero al parecer ya se veía venir. A nivel internacional en Estados Unidos se había publicado en una revista de los 'think tanks' meses antes, la probable ocurrencia del mismo. En España el creciente y decisivo paso de los diferentes pueblos íberos hacia un federalismo, hacía que la 'derechona' española, se mosqueara muchísimo. Suárez prefería una España roja antes que una España rota. Pero los españolísimos (que son en el fondo y en la superficie los más antiespañoles) no iban a permitir esto.
Incluso en Andalucía, hacía poco que millones de andaluces salieran a la calle para manifestarse en favor de la autonomía y de la capacidad federativa de los íberos. Pero los que manejan los hilos de la España más casposa tenían preparado un golpe de estado.
El éxito del mismo no es en el hecho de que triunfase o no. El éxito radicó en que asustó a todo el mundo. Y desde entonces, ni catalanes, ni vascos, ni andaluces hemos tenido el valor de salir a la calle para pedir igualdad y soberanía de nuestros pueblos. El temor es el que haya otra guerra civil. Y el golpe de estado triunfó en atemorizarnos a todos.
Todos nuestros anhelos han quedado a la altura de lo artístico. Es decir, ahora andaluz es el andaluz de la Feria o del Rocío, el catalán es el que baila la Sardana y todos colocamos banderitas en los ayuntamientos y cantamos muchos himnos, pero nada más. A los movimientos soberanos íberos se nos fue la fuerza de plano después de este intento golpista. Las cosas no han sido igual desde entonces, dice mi amigo Joan Lluís. Y tiene razón.
Y para la mayoría de los españoles, los que vamos de andaluces, catalanes o lo que sea, somos unos desalmados. No tenemos derecho a expresarnos y se nos condena al ostracismo o se nos asocia con valores antidemocráticos. Ya no se acuerdan que fuimos nosotros, los republicanos, antifascistas y federalistas los que nos movimos y nos llevamos las hostias para llegar a la democracia, y somos nosotros los que luchamos ahora por ella. Pero por desgracia es así como nos ven, como gentes que quieren 'destruir España'.
No se puede destruir lo que no existe, lo que no está desarrollado por consenso, y lo que no está bien digerido. Y si algo hay, desde luego no puede estar definido por los castellanos. Tiene que estar definido por todos y cada uno de los ciudadanos íberos. Y en ello deberían de entrar hasta los portugueses. Lo que queremos construir es un espacio donde quepamos todos, y la idea de España sólo da cabida a una sociedad clasista y vaga. La prueba está en las enormes desigualdades sociales que hay en el Estado Español (clasista) y el nulo esfuerzo de la clase dominante por sacar a España adelante (vaga).
Pero esta es una interpretación atrevida y muy aguda de lo que pasó, y de cómo este hecho histórico nos ha ido marcando hasta hoy. ¡Querido Joan Lluís eres un mákina!.