martes, noviembre 03, 2009


Sevilla, Estación Términus (José María Vaz de Soto, 2009)

Compré esta novela en Andalucía, la última vez que estuve (Septiembre de este año). La verdad es que me he leído el libro de Vaz de Soto porque no vivo allí en mi tierra. Su novela refleja la detestable gente de Sevilla que se las da de culta. Para el que desconozca la fauna andaluza, es un texto interesante porque explora una 'especie' menos conocida para el forastero, pero tan fantoche como el archiconocido arquetipo del chabacano andaluz. Digo que se las 'dan de culta' porque son gentes que se aprenden cosas de memorieta, pero no alcanzan a entender la profundidad de los conceptos o carecen de la flexibilidad para adoptar nuevos puntos de vista. Esto se refleja en la incapacidad de los personajes de adaptarse a los cambios históricos y culturales que la novela describe. Ellos critican al régimen político anterior, con todos sus valores más concretos y fáciles de ridiculizar, pero siguen básicamente leales al clasismo, al desprecio de la igualdad, a la renuncia a la innovación, a la renovación de la identidad, y la entrega al pesismismo porque el mundo ya no está bajo el imperio español. Asimismo, esta novela también refleja otra grave debilidad de los intelectuales andaluces; la confusión de la ciencia con una tecnología. La ciencia es una forma de pensar que obliga a cambiar de forma de pensar constantemente según el contraste de hipótesis. Para el intelectual andaluz la ciencia es una forma de demostrar lo que uno ya sabe de antemano, por tanto no exige el cambio de actitud ni cambio de hipótesis.

El autor del libro puede que con el ejercicio de escribir una novela haya conseguido explorar sus propias dudas existenciales pero no ha escrito nada que sorprenda ni estimule. Su novela es un intento de poner derecho a todo el mundo al estilo franquista, acusando de mediocres a los poderosos (sin participar en la vida política y así creando una actitud pasiva en el tejido social intelectualmente más capaz) y de retrasado mental al pueblo andaluz (deslegitimizando el derecho a acusar al invasor español del atraso crónico de Andalucía). Con su rabia expresada a través de sus personajes nuestro autor muestra la incapacidad de autocrítica de un mediocre funcionario (profesor de instituto) que no es precisamente un ejemplo de virtud intelectual. Vaz de Soto se proyecta muy bien a través de Javier y Luis sin duda alguna. Su extremada obsesión por la medicación, por reducir la psicología clínica a lo que Freud haya podido aportar (saltándose 80 años de investigación psicológica), sugiere que no se ha documentado para nada en lo que a la ciencia moderna se refiere y que simplemente muestra que tanto nuestro querido escritor como su personaje Javier se quedaron estancados en sus años de juventud (Real Madrid, López Ibor y Marcial Lafuente Estefanía).

A pesar de esto, creo que este libro es un buen retrato a piezas de un aburrido cincuentón andaluz culto. A piezas porque los dos principales personajes son uno solo (caras de una misma moneda). En este sentido la novela refleja bien el carácter deprimente y casposo de la clase media intelectual andaluza y constituye un retrato robot de esa generación tan pesada y tan quejosa de todo, que ojalá desaparezca de una vez por todas. Porque aquellos que eran fascistas, quizás lo serían pero al menos creían en algo. Pero los que se las dan de izquierdas y son unos fachas, esos no creen nada más que en sí mismos. Esta novela tambíen refleja el egoísmo y la amargura de esas gentes que tuvieron la suerte de educarse pero que no pudieron dar el salto mental hacia la democracia. Son arrogantes y desprecian lo que no entienden.

Para finalizar, Vaz de Soto tiene que embadurnar su novela de un escandaloso odio a lo andaluz. A él le hubiera gustado ser de Madrid o quizás haber nacido en París. Pero no hijo mío, naciste en Paymogo. Creo que novelas de este tipo es lo mejor que necesita Andalucía para hundirse del todo. No sólo nos desprecian los españoles, sino que encima, nosotros mismos nos odiamos. ¿Para qué más?