lunes, noviembre 14, 2011

¿De dónde viene el gusto?


Después de pasear bastante por el centro del a ciudad, el frío se fue levantando y asimismo el apetito. El hombre le dijo a la mujer; -me apetecería meterme en algún sitio para comer, ¿a tí que te apetece?- La mujer se quedó pensativa y le dijo: -me apetece presa ibérica-. Tras la revelación de tal deseo atávico, ambos evitaron el contacto visual y cabizbajos, quedaron imbuidos en una especie de trance hipnótico. Los dos estaban pensando lo mismo, pero la mujer decidió de nuevo declarar los sentimientos: -¡Cómo nos gusta lo bueno! Después de vivir como emigrantes durante una década en el norte de europa, ambos no podían evitar su querencia adquirida. Estimulado por el chocante sueño gastronómico, el marido quiso reflexionar en alto mientras intentaban decidir dónde comer: -si fuera sólo el gusto, entonces no nos motivaríamos, quizás es el hábito... Creo que hasta cuando a uno le gusta algo tiene que aprender a convertirlo en una costumbre, sino uno nunca tendría la fuerza suficiente para ir a buscar y pagar lo que sea por lo que uno quiere de verdad- Mientras filosofaban se acabaron tropezando con una plaza llena de cafés y restaurantes que parecían prometedores. De nuevo se miraron brevemente, y como dos mártires frente a sus captores, se decantaron por uno de ellos a sabiendas de que más que un ágape aquello iba a ser un sacrificio.