sábado, abril 17, 2021

Fragancias Nocturnas

 

La noche todavía era joven. Hicieron un receso y abrieron la puerta para refrescar un poco. El aroma del azahar entró tímidamente en la habitación, casi de puntillas. El ambiente estaba cargado de humo y sólo él notó la caricia perfumada de las flores blancas. Embriagado por el  olor floral, cerró los ojos y la vio mirarlo a la cara, pero no lo pudo soportar y se levantó un momento, mientras el gentío se recomponía un poco.

En la baranda, el hombre sintió el frío de la noche, pero dejó que la helada le hiriera un poco. Quería sentir algo de dolor no infringido por sus pensamientos. A su mente volvió la muchacha, que vestía de negro. Pensó que era absurdo, ¿porqué le iba a estar dando carrete? En efecto; él era un hombre de piel como la leche, y ella…ella tenía la piel canela. Ese breve pensamiento le turbó aún más, y se agarró al frío metal de la baranda, para castigarse un poco más, antes de volver al sarao. Adherido al metal y absorbiendo el frío de la lívida brisa, quedó absorto ante las enigmáticas estrellas que poblaban el firmamento. En realidad, conocía la mayoría de las constelaciones, y los nombres de muchos de los astros que coronaban el cielo esa noche. En efecto,  en esas latitudes el cielo lo presidían las osas y a estas horas se podía contemplar al glorioso Orión, dando muerte a Taurus. Absorbido en sus cavilaciones, estaba advirtiendo la fulgurante brillantez azulada de las Pléyades, cuando ella vino con una bandeja en la mano derecha. Él se giró y la contempló en toda su gloria; una amazona de ojos castaños y pelo de ébano. Ahora la fragancia de azahar envolvía a la mujer como ese manto resplandeciente que llevan las vírgenes. Quedáronse ambos mirándose el uno al otro por un tiempo, hasta que ella dijo: -¿no te gusta el flamenco?- Su voz aterciopelada, ligeramente carraspeaba, quizás por el frío. –El flamenco me encanta…ojalá supiera cantar-. –Anda, tómate una copa- Le dijo ella, cosa que dio pie a que en el gesto de ofrecer el vino, se tocaran levemente y casi entrelazaran sus dedos en simulada torpeza. Todo el frío que sentía después de estar al relente tanto rato, se evaporó al momento. Las palabras de la mujer, fueron como un abrazo, un gesto de entrega al que no estaba acostumbrado. A pesar de su desconcierto, se atrevió a catar el vino, en un intento de huida hacia delante de su propia vergüenza y atisbó en nariz, el olor especiado del vino, mientras se clavaban la mirada el uno al otro.

Volvieron a la juerga juntos, esta vez mirándose sin reservas. Cuando entraron, los flamencos estaban locos por bulerías. El cantaor destiló un verso más; -¡no te sueltes el pelo, ni te pintes los labios, porque me muero de celos!- Tras lo cual se caldeó aún más el ambiente. El cómo los sonidos entrelazados se convertían en algo más que poesía, hicieron temblar al hombre, que se preguntaba cómo era posible crear una música tan bella. Podía sentir las matemáticas de las voces y las guitarras generar curvas, espirales y ondas de infinito valor, pero pensó que ni siquiera era justo pensar en esos términos. La magia de los flamencos se había apoderado de su corazón, tanto como el embrujo de la gitana.

Cuando se acabó la fiesta se encontraron de nuevo, bajo la luz de las vigilantes estrellas que titilaban, tan nerviosas como aquellos dos corazones. Él, le dijo que era casado y ella, herida, le dijo que no podía estar con un hombre que no era libre. Se abrazaron, no se sabe porqué. El hombre le susurró que ella tampoco era libre. Ella no pareció comprenderlo, pero ya era demasiado tarde para pensar. Ahora, en la agonía de la noche, la quietud y la humedad dejaban avanzar otros aromas; fragancias frutales, y de carnes rojas. Orión el cazador, ya se había marchado a otras geografías, en su eterna lucha con Taurus. Los amantes se acariciaron al ritmo del flamenco más puro; de forma impredecible y pasional.  

1 comentario:

Progenite dijo...

Que pasión más pura, el amor y el flamenco, y que sentimiento más intenso de vivir, el flamenco y el amor.
Una guitarra y una candela dando sentido a la noche.